miércoles, 29 de mayo de 2013

EL GOBIERNO NACIONAL PONE FECHA DE CIERRE AL HOSPITAL BORDA: AÑO 2020



Quien creía que el gobierno de “la derecha” de Mauricio Macri era el único interesado –particularmente luego de la brutal represión de la Policía Metropolitana  el último 26 de Abril- en cerrar el Hospital Borda para desarrollar distintos negociados (particularmente inmobiliarios) estaba equivocado.

Su fecha de cierre (como la de todos los neuropsiquiátricos del país) acaba de ser establecida como “ultimátum” para el año 2020, esta vez, de la mano del Gobierno Nacional.

Haciendo Historia

El reciente Decreto 603 del Poder Ejecutivo Nacional (28/06/12) formaliza la  reglamentación de la Ley 26.657, más conocida como “Ley Nacional de Salud Mental”, aprobada en el Congreso Nacional en noviembre del 2010. Cabe mencionar que, a pesar de las ilusiones que despertó  la sanción de la Ley mencionada entre sectores de  trabajadores, profesionales y redes de usuarios en Salud Mental  (particularmente en lo referente a los derechos ciudadanos y humanos de pacientes internados y el acceso de profesionales no médicos a jefaturas de servicios en hospitales y centros de Salud Mental), el mismo Poder Ejecutivo “cajoneó” su reglamentación durante más de 2 años, abriendo una instancia de negociación con la llamada “Corporación Médica” (laboratorios, medicina privada) para establecer las condiciones de “reconversión” frente a la presunta afectación de la Corporación, establecida por la Ley.
La “impasse” a la que condenó el Gobierno Nacional a la reglamentación de la Ley tan venerada suscitó una crisis política “de gabinete”, que costó la renuncia del Director Nacional de Salud Mental (área ministerial creada por la actual administración nacional) y el desembarco en el sector de la troupe alineada a la Agrupación Kolina de Alicia Kirchner.
La simple lectura del Decreto de reglamentación aporta un manto de claridad en lo que se refiere a ciertas “reservas”  que algunos mantuvimos al momento de la sanción de la Ley –a contramano del entusiasmo en varios sectores progresistas-, particularmente frente a  la orientación social o reconversión capitalista que se viene aplicando mundialmente en el campo de la Salud Mental como telón de fondo (siguiendo al pie de la letra los lineamientos estratégicos de la Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial), problema que excede el debate académico o teórico sobre las distintas corrientes, discursos y abordajes interdisciplinarios que desde hace al menos tres décadas  proliferan el mundo profesional de la Salud Mental.
Disparen contra los hospitales “monovalentes”. Disparen contra el Borda
Oportunamente alertamos la instancia que abrían algunos apartados esenciales contenidos en  la Ley Nacional de Salud Mental: por ejemplo, su artículo 27, prohibiendo la creación de “…nuevos neuropsiquiátricos o instituciones monovalentes, públicos o privados…hasta la sustitución definitiva de los ya existentes por dispositivos alternativos”. No hay que ser muy perspicaz al momento de relevar y evaluar a nivel nacional o local la “existencia” de una red de “dispositivos alternativos” que pudieran “amortiguar” el cierre de los hospitales monovalentes (y especialmente a sus pacientes internados).
Si había alguna duda, la reglamentación reciente del artículo referido directamente ubica bajo amenaza un sector importante del sistema hospitalario público: “… La Autoridad de Aplicación en conjunto con los responsables de las jurisdicciones, en particular de aquellas que tengan en su territorio dispositivos monovalentes, deberán desarrollar para cada uno de ellos proyectos de adecuación y sustitución por dispositivos comunitarios con plazos y metas establecidas. La sustitución definitiva deberá cumplir el plazo del año 2020, de acuerdo al CONSENSO DE PANAMA adoptado por la CONFERENCIA REGIONAL DE SALUD MENTAL convocada por la ORGANIZACION PANAMERICANA DE LA SALUD (OPS) - ORGANIZACION MUNDIAL DE LA SALUD (OMS) “20 años después de la Declaración de Caracas” en la CIUDAD DE PANAMA el 8 de octubre de 2010… La Autoridad de Aplicación en conjunto con las jurisdicciones, establecerá cuales son las pautas de  adaptación de los manicomios, hospitales neuropsiquiátricos o cualquier otro tipo de instituciones de internación monovalentes que se encuentren en funcionamiento, congruentes con el objetivo de su sustitución definitiva en el plazo establecido…la adaptación prevista deberá contemplar la desconcentración gradual de los recursos materiales, humanos y de insumos y fármacos, hasta la redistribución total de los mismos en la red de servicios con base en la comunidad…”
Dos cosas quedan claras: invocando la necesidad de “descentralizar” el sistema de salud público y mental y “desinstitucionalizar” a los pacientes internados, queda bajo las administraciones jurisdiccionales (como por ejemplo sería hoy Macri en la Ciudad de Buenos Aires) la misión de “sustituir  definitivamente” a los hospitales monovalentes de Salud Mental a lo largo y ancho del país, que ya han pasado a tener fecha de cierre: el año 2020.
Para el caso, bajo las distintas administraciones jurisdiccionales capitalistas, la “sustitución definitiva” pasa a cobrar como mandato una “solución final”. El operativo represivo de finales de abril en el Hospital Borda es una muestra elocuente de ello.

 Gato por Liebre

 La “desconcentración gradual de recursos” no hace falta garantizarla por ley. Desde hace años, la tendencia general en nuestro país es al cierre de servicios y “baja” de camas de internación en los hospitales monovalentes y llamados “neuropsiquiátricos”.
El Hospital Borda también resulta ser  un “monumento al ejemplo” de este proceso, lo cual implica una formidable transferencia de recursos públicos a “organizaciones de la sociedad civil” (ONGs y Fundaciones con subsidios estatales y hasta clínicas semiprivadas) y organizaciones territoriales (afines al Gobierno, claro está) en nombre de “la comunidad”, la “Atención Primaria de Salud” o la “reinserción social del paciente”. Así las cosas, no es casual que la gestión estatal de la Salud Mental esté bajo las decisiones del Ministerio de Desarrollo Social.
Junto a la “sustitución definitiva” (o “solución final”) de los hospitales monovalentes, los clásicos “punteros” territoriales devendrán en “agentes comunitarios de Salud” en nombre de supuestos enfoques sanitaristas, “preventivos” o “comunitaristas”. Una verdadera estafa intelectual, moral y social.
Para ampliar la comprensión del problema es menester analizar  la lectura de la reglamentación del Artículo 28, que originariamente insta a que “las internaciones de salud mental deben realizarse en hospitales generales. A tal efecto los hospitales de la red pública deben contar con los recursos necesarios”. Al menos, al momento de la sanción lo que seguramente podía despertar cierta sospecha era el grado de consistencia y recursos de la red pública hospitalaria general para integrar las llamadas “internaciones psiquiátricas”. El texto de la reglamentación del artículo clarifica la orientación social capitalista que se pretende establecer en la “transición” (o “extinción”) de los hospitales monovalentes: “…Deberá entenderse que la expresión “hospitales generales” incluye tanto a los establecimientos públicos como privados. Las adaptaciones necesarias para brindar una atención adecuada e integrada sean estructurales y/o funcionales de los hospitales generales a efectos de incluir la posibilidad de internación en salud mental es responsabilidad de cada jurisdicción…A los efectos de contar con los recursos necesarios para poder efectuar internaciones de salud mental en hospitales generales del sector público, el MINISTERIO DE PLANIFICACION FEDERAL, INVERSION PUBLICA Y SERVICIOS y el MINISTERIO DE SALUD deberán contemplar en la construcción de nuevos hospitales, áreas destinadas específicamente a la atención de la salud mental, promoviendo que igual criterio adopten todas las jurisdicciones...La Autoridad de Aplicación condicionará la participación de las jurisdicciones en programas que incluyan financiamiento, a la presentación de proyectos de creación de servicios de salud mental en los hospitales generales, con plazos determinados.”
Claro como el agua. La inclusión de “establecimientos privados” como “hospitales generales”, convocados a “amortiguar” la liquidación de los hospitales monovalentes y neuropsiquiátricos públicos, desarrollará una “competencia desleal” en favor del capital y el sector privado en el mercado de la salud. Mientras, la apertura de nuevos dispositivos públicos dependerá de la “contemplación” del Ministerio de Planificación Federal y el Ministerio de Salud, la “oferta de temporada” abierta profundizará un proceso de reconversión capitalista en el campo de la Salud Mental que se viene desenvolviendo en la última década: un tendal de clínicas privadas psiquiátricas “aggiornadas” en Fundaciones y ONGs (las llamadas y tan “adoradas” “organizaciones de la sociedad civil”) que en lugar de ofertar “camas de internación”, ofrecen los nuevos “dispositivos alternativos” al encierro manicomial: Hospitales de Día y Noche, Casas de Medio Camino, Residencias Protegidas y hasta “Empresas Sociales” como “Cooperativas”.
No hay que ser un encumbrado pensador para saber quién terminará ganando “la carrera” entre la “contemplación” de los Ministerios a la hora de abrir nuevos dispositivos públicos o áreas de internación en los hospitales generales públicos (en un cuadro de desinversión y retracción de la industria de la construcción como consecuencia de la crisis capitalista mundial) y la facturación abultada que las ex clínicas privadas reconvertidas en “nuevos dispositivos” vienen acumulando hace años, a través de la prestación de servicios a Obras Sociales, “Pre-pagas” y al propio Estado.

La OMS y el Banco Mundial en el Proceso de Reconversión Capitalista de la Salud Mental

Las “reformas” contempladas por la Ley Nacional de Salud Mental (especificadas en su reglamentación) se inscriben en un cuadro de reconversión capitalista que los principales organismos sanitarios (OMS, OPS) junto al Banco Mundial vienen impulsando en Encuentros Internacionales, Declaraciones y Acuerdos entre Países desde hace aproximadamente 30 años.
A la hora de hacer una lectura de los principios rectores y estratégicos de estas “reformas”, conviven el planteamiento de “no estigmatización del paciente psiquiátrico”, el “cierre de los manicomios”, la “restitución de derechos”, “descentralización” y  “autogestión comunitaria” con puntos programáticos como “equidad”, “maximización de eficiencia de recursos”. En muchos de los Informes sobre la Salud Mental de la OMS (ver Informes 2001/2002) se invoca a que “la población sana financie a la población enferma en la comunidad” o se presenta la delegación de las acciones sanitarias en los tres niveles de Salud en “la población” u “organizaciones de la sociedad civil”, una tercerización y en muchos casos una “reprivatización” que termina por usurpar conceptos y categorías de experiencias y corrientes muy valiosas como la “psiquiatría democrática” (Franco Basaglia) o, por ejemplo, la “Psicología de la Liberación”.
Así las cosas, en nombre de “democratizar” el abordaje profesional y disciplinar en Salud Mental (para presuntamente quitar el monopolio de los tratamientos al “discurso médico hegemónico” del “poder psiquiátrico) a través de la “interdisciplina”, un ejército profesional “interdisciplinario” (psicólogos, terapistas ocupaciones, musicoterapeutas, acompañantes terapéuticos) “presta” sus servicios profesionales y asistenciales en condiciones de absoluta informalidad y precarización, en comunidades terapéuticas y dispositivos ambulatorios de rehabilitación gestionados por Fundaciones y organizaciones del “tercer sector”.
Para peor, se pretende ideológicamente proponer suplantar una “corporación” (médica) por otra (“interdisciplinaria psi”), para ´que esta última sea reconvertida en los nuevos “gestores”  de la privatización “progresista” en la atención sanitaria.
Cuando lo grotesco se mezcla con lo pérfido, la reglamentación pretende “reformar” la gestión privada de la “corporación médica”  a través de un cartel y una línea telefónica asistencial como condición: “Todas las instituciones públicas o privadas que brinden servicios de salud con o sin internación deberán disponer en lugares visibles para todos los usuarios, y en particular para las personas internadas y sus familiares, un letrero de un tamaño mínimo de OCHENTA CENTIMETROS (0.80 cm) por CINCUENTA CENTIMETROS (0.50 cm) con el consiguiente texto: “La Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657 garantiza los derechos de los usuarios. Usted puede informarse del texto legal y denunciar su incumplimiento llamando al...” No sería nada descabellado pensar que “el cartel” fue parte de la negociación entre el Estado y la “corporación médica” para consumar la lenta reglamentación.

Perspectiva

Cualquier “reforma” (en el sentido más “reformista” del término) en el campo de la Salud Mental, inscripta en un cuadro de reconversión y crisis capitalista, orientada y gestionada por los Estados gestores de esa propia crisis, y aun despertando las máximas ilusiones en muchos protagonistas, puede terminar siendo la peor punta de lanza para pulverizar lo “ya conquistado” en beneficio de las más amplias masas populares. El propio Franco Basaglia, padre de la “desmanicomialización” en el noreste italiano (Trieste, Goritzia y otras regiones) planteaba sus reparos cuando la lucha “contra el manicomio” se planteaba divorciada de la lucha de clases.
La perspectiva que se abre frente a la necesidad de transformar las condiciones imperantes del “sujeto padeciente” (en términos de Salud Mental y de las propias condiciones materiales e históricas de existencia) dependerá no solamente de la aplicación de “dispositivos” o “corrientes”, sino por sobre todas las cosas de la gestión social que enmarque a los mismos. Caso contrario, la “reforma” puede transformarse en “contrarreforma” …del capital, aún bajo taparrabo “progresista”. Este parece ser el caso.  

Hernán Scorofitz

jueves, 2 de mayo de 2013

“DESMANICOMIALIZACIÓN” Y REPRESIÓN: UNA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA EN EL HOSPITAL BORDA




A los pocos minutos que llegué al Hospital Borda en la mañana del 26 de Abril, cuando ya era parte de la marea humana de compañeros y colegas del Hospital, activistas –e inclusive pacientes-  que poniendo literalmente el cuerpo resistía la salvaje avanzada policial sobre el mismo suelo invalorable que hasta finales del siglo XIX resultó ser la escenografía agreste de la quinta de la familia Vieytes, distintos destellos de reflexiones vinieron a mi cabeza, en los efímeros momentos de lucidez  que las circunstancias –y el reflujo de las balas y gases policiales- permitían por algunos minutos.
Sería una verdad de Perogrullo la condena política, humana y moral a un Gobierno que pretende garantizar el inicio de una obra fastuosa y faraónica en beneficio de la “Patria Capitalista Inmobiliaria”, demoliendo literalmente el único –e histórico- Taller Protegido del Hospital de Salud Mental más importante del país (algunos dicen hasta de toda Latinoamérica) y asegurando semejante acto atroz  con una guardia de cosacos pertrechados como para recrear a los barbáricos ejércitos zaristas que por siglos arrasaron aldeas enteras de Europa y Asia.
Confieso que por momentos, bajo la agobiante balacera, tuve una sensación similar a la que me tocó vivir los primeros días del mes de febrero del año 2012, cuando en las páginas del matutino Página/12, un colega –con quien paradójicamente compartí muchos años de carrera universitaria y hasta cierta amistad- muy livianamente sostenía en nombre de la mentada “desmanicomialización” que “…no se discute: el manicomio se tiene que cerrar: nada de andar preguntando bajo qué condiciones. ¿Qué puede ser peor para un ser humano que su vida en un manicomio?
La imagen de la topadora del Estado resguardada por la Infantería demoliendo y arrasando “el manicomio” bajo una lluvia interminable de palos, balas de goma y gases,  inevitablemente me llevaron a evocar las palabras del colega (quien no tengo dudas que su pretendida apología dista mucho de las intenciones pérfidas de quienes ordenaron el operativo policial). En aquel entonces, me permití responderle  en un artículo que titulé “Buenos Aires No Es Trieste” (publicado por el mismo matutino la semana posterior, 09/02/12) donde alerté que “…Quien ya parece haber tomado nota de la “solución final” es el jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri…” Casi quince meses antes del brutal desembarco policial en el Borda.
Me arriesgo a decir que frente a lo dantesco vivido en el momento más álgido de la represión que sufrimos el viernes 26 de abril del 2013 en los jardines del Hospital Borda, poco podía resultar más semejante a la “solución final” contra los “manicomios”.
Si como decían nuestras abuelas “las comparaciones son odiosas”, para la ocasión no está de más agregar que ciertas “homologaciones” también lo son, o para peor, resultan siendo peligrosas (me abstengo de poner las comillas).
Hace tiempo vengo debatiendo con distintas corrientes (muchas de ellas por demás respetables, y que inclusive hace décadas desarrollan distintas actividades de carácter invalorable y voluntario en el interior de la propia institución cuestionada) el riesgo de equiparar casi como un sinónimo indivorciable al hospital monovalente de Salud Mental (como por ejemplo el Borda) con el agotado y retrogrado “manicomio”. Como siempre aclaro, sin perder de vista la persistencia residual de prácticas manicomiales a lo largo y ancho de las instituciones públicas y privadas de Salud Mental.
Considero que instar y convocar al cierre de una institución (en este caso sanitaria) que reproduce el carácter  opresor de un régimen social en decadencia como modo de combate, en lugar de surcar un camino de transformación de la institución (y por sobre todas las cosas de ese mismo régimen social de dominación que es su sostén) es pretender acabar con la rabia… matando al perro.
No tengo dudas que en las escuelas públicas y universidades se reproducen en las prácticas educativas curriculares, al menos, la misma lógica opresora, represora y hasta de “encierro”. Ya me tocó citar en otro artículo un lema inscripto en la pared de mi colegio secundario: “”.Los locos y los chicos dicen la verdad…a los locos los encierran…a los chicos los educan Aun así, ni las mentes más afiebradamente “libertarias” nos proponen a esta altura el cierre de la Escuela Pública con los mismos fines honorables y “liberales” de muchos que proponen el cierre inmediato de los “manicomios”.
Sin recuperar el peso de la palabra y el significante en el campo simbólico e imaginario de la subjetividad, Jacques Lacan no hubiera podido “retornar a Freud” en 1953, cuando el psicoanálisis naufragaba en el océano de la confusión. El carácter polisémico del significante tiene su sentido de acuerdo a la posición del agente del Discurso.   
Cuando durante el año 2010 tuve la oportunidad de seguir el debate sobre el proyecto de Ley Nacional de Salud Mental (finalmente aprobado a fines de ese año, pero que todavía no ha sido reglamentado por el mismo Poder Ejecutivo que promulgó la Ley), algunos pasajes me despertaron cierto recelo, o para el caso, al menos algunas reservas, mientras un sinfín de colegas se empapaban de un llamativo entusiasmo.
Cuando en su artículo 27 propone la prohibición de crear “… nuevos manicomios, neuropsiquiátricos o instituciones de internación monovalentes, públicos o privados. En el caso de los ya existentes se deben adaptar a los objetivos y principios expuestos, hasta su sustitución definitiva por los dispositivos alternativos…” (sic) confieso que no fui tan “optimista” como la gran mayoría de mis colegas. De hecho, el carácter “marco” de la Ley abre la instancia para su interpretación particular a la hora que cualquier administración de turno  pretenda avanzar sobre “lo que queda” de los hospitales monovalentes de salud mental. Máxime, cuando aquellos “dispositivos alternativos” que establece la Ley como “recambio” al “viejo manicomio” hoy existen en su inmensa mayoría bajo la órbita privada o “semiprivada” (ONGs, Fundaciones).
Señalar esto en su momento –muchísimo antes que alguna mente afiebrada pueda imaginar la magnitud brutal del despliegue policial del Gobierno de Macri en el interior del Hospital Borda- (me) suscitó críticas por “pesimista”, “ultraizquierdista” o en todo caso, “funcional-al-discurso-médico-hegemónico”. Y si hablamos de “funcionalidad”, no fueron pocas las veces que el mismo Gobierno que desató su furia represiva se amparó en las leyes de salud mental para profundizar el proceso de vaciamiento de los hospitales monovalentes.
La salvajada represiva desatada en el Borda, pocos días atrás, termina siendo más funcional, en todo caso, a las propuestas de cierre de neuropsiquiátricos y hospitales monovalentes, independientemente de los principios y convicciones de sus portavoces.
Nada más parecido a una profecía autocumplida, o a una crónica de una represión (casi) anunciada.  

Lic. Hernán Scorofitz

jueves, 11 de abril de 2013

CATÁSTROFES SOCIALES: CUANDO LO QUE INUNDA ES EL TRAUMA




Cualquier implicancia humana con la catástrofe social (y no “natural”) que padecen por estas horas centenares de miles de ciudadanos en barrios de la Ciudad de Buenos Aires y en La Plata y sus alrededores como consecuencia de la grave inundación “causada” por las lluvias (y por un régimen social) me hubiera llevado por mi historia, inevitablemente, a un recuerdo para nada “encubridor”, tomando algunas categorías tempranas que oportunamente propuso Sigmund Freud para referirse a su joven paradigma del trauma.
 El problema no es ahora sino cuando baje el agua”. Escuché por primera vez esa frase los primeros días de mayo del 2003, cuando se produjo la gravísima inundación en una parte importante de la Ciudad de Santa Fé, consecuencia del desborde del Río Salado.  23 muertos según los informes “oficiales” de las autoridades nacionales y provinciales de por entonces. Muchísimos más según comentarios “extraoficiales”, muchas veces más “confiables”.
Tuve la oportunidad de escuchar esa frase “in situ”, por haber encabezado una delegación estudiantil de la Federación Universitaria de Buenos Aires, la cual  junto a distintos movimientos sociales había realizado una imperiosa colecta de alimentos, ropa y distintos artículos en facultades y barrios, con el mandato sagrado de viajar al lugar y garantizar la entrega a los principales afectados.
Pudimos llegar luego de sortear una serie de dificultades impuestas por el propio Estado, cuyo otrora Gobierno consideraba algo inoportuno que movimientos sociales y estudiantiles llevaran a cabo una acción solidaria con los damnificados, aún pudiendo resultar paradójicamente un aliciente en el humor de los afectados frente a las elocuentes responsabilidades de ese mismo Estado. Lógicamente que a diferencia de una simple “acción de gracias” (que en determinadas circunstancias trágicas nunca está de más), no solo distribuíamos “lo recolectado” sino también nos hacíamos eco de su denuncia: “¿por qué siempre que llueve lo que nos inundamos somos los pobres?” Lo cual para un Estado a veces puede conllevar irremediablemente a una pregunta mucho más "peligrosa" luego de alguna respuesta tentativa de la primer pregunta: “¿Entonces qué hacemos?
Una vez sorteado distintos retenes del Ejército y Gendarmería camino a la Ciudad de Santa Fé, el panorama que me encontré al ingresar a los lugares “transitables” del casco urbano   –que todavía lindaban con muchos “intransitables”- era muy parecido a lo que siempre me imaginé que intento graficar John Milton, el poeta y escritor inglés quien en las primeras décadas del Siglo XVII en su clásico El Paraíso Perdido  bautizó como  Pandemonium a la Capital del Infierno.
El problema es cuando baje el agua”, me dijo un viejo  en un humilde y arrasado  barrio llamado Santa Rosa,  creo;  impávidamente me contaba que había perdido absolutamente todo. Hasta su perro, única compañía. A su mujer, según él, ya la había perdido hacía algunos años.
Resultaba curioso. La frase del pobre viejo graficaba algo que no me hubiera imaginado. Suponía desde mi incrédulo e inexperto sentido común que “lo traumático” debía ser el agua. Pero no. Ese monto de angustia de los damnificados  cuyo devenir en desazón, vacío o furia dependía de algunas horas, quedaba absolutamente supeditado a “lo de abajo del agua”, pero no “al agua”. Para peor, esa imagen temida y odiada de los kilómetros de extensión de inundación terminaba actuando como un “velo” para cubrir el vacío del desastre (y) de esas vidas.

El Trauma (en la) como Catástrofe

Las catástrofes sociales en la historia de la humanidad resultaron ser paradójicamente una fuente de “inspiración” para el psicoanálisis en desarrollo algunas décadas después de su nacimiento. Sin la sanguinaria Gran Guerra Imperialista durante gran parte de la segunda década del Siglo XX, Freud quizás no hubiera ni siquiera rozado su resignificación de los conceptos –nada más y nada menos- de neurosis y trauma para arribar a una  estación “terminal” vital para la clínica de nuestros días: la pulsión de muerte y la repetición.
Dos años después de la culminación de la Gran Guerra, oh casualidad, Freud presenta en sociedad en su Más Allá del Principio de Placer, una casi inesperada conclusión en base a sus casi tres décadas de práctica clínica, evidentemente “afectada” por la escucha de los soldados que retornaban del frente de guerra… ilesos. Hasta ese entonces, en el aparato psíquico del individuo, el Principio de Realidad resultaba ser la negación de su par antagónico, el Principio de Placer: actuaba como un fiscal acusador del “buen placer”. La “cura” analítica pasaba por emancipar de las cadenas represoras al individuo ese monto de placer enclaustrado en el “inconsciente”. 
 Justamente, a partir de 1920, el inconsciente para Freud pasa a cobrar otro carácter más enigmático y complejo: lejos de ser simplemente una suerte de “paraíso perdido” alojador de placer reprimido al cual llegar por la vía interpretativa, ahora el inconsciente pasaría a estar de un costado indisociable a una nueva categoría: la “compulsión a la repetición”. Repetición del carácter más siniestro del individuo, contra sí mismo.
La Pulsión de Muerte como “com-PULSION a la repetición” en el inconsciente hace su aparición en escena de la manera más tétrica en el relato de los soldados que volvían del frente bélico afectados por sus escenas traumáticas, pero con una particularidad: los que no habían padecido ninguna marca, lesión o afección en el cuerpo eran los que solían inevitablemente revivir de manera enviciada y reiterada las escenas traumáticas en sueños y fantasías. Toda una lección. La Neurosis vuelve de la Guerra como –bautizaría Freud- una “Neurosis de Guerra”. Para peor, el sueño (traumático) como manifestación inconsciente ya no sería solamente una realización del deseo del soñante, todo lo contrario. Pasaría a engrosar la columna de enigmas para “ese” psicoanálisis de época, y nada más y nada menos que para su Padre.
Algunos (muchos) años más tarde, Lacan intentaría aportar cierto destello de luz al enigma sosteniendo que en los sueños traumáticos de lo que se trata es de “ligar” la energía como intento de dominación sobre el acontecimiento traumático. Ligazón como voluntad de inscripción (de representación) en la psiquis, algo así como construir un camino ciertamente fértil destinado a que los significantes puedan deslizarse y “ligar algo” (como suele referirse en el “truco”, juego criollo por excelencia ). Condensación y Desplazamiento de representaciones en Freud… Metáfora y Metonimia de significantes en Lacan.
En esta senda sinuosa, si de algo dieron testimonio las “neurosis de guerra” que “descubrió” Freud en el tortuoso relato de los veteranos de guerra, es que el trauma confiesa que siempre hay un “resto” no ligado en la psiquis.
Luego de años de insistencia del propio Lacan en identificar al inconsciente con esa –maldita y gozosa- repetición por la vía de la insistencia significante, un volantazo sorprendería a más de uno en su Seminario XI.

El análisis, más que en ninguna otra praxis, está orientado hacia lo que, en la experiencia, es el hueso de lo real"

La “pregunta del millón” sería por indagar sobre el paradero de ese “real”. Lacan propone como una suerte de brújula para un (imposible) hallazgo, un encuentro (fallido) condenado a escurrirse por merodear fuera de la frontera de lo simbólico. Así, retomando un término aristotélico, nos brinda la Tyche, encuentro con lo real, un “más allá” del camino enjabonado de significantes cuyo automaton marcaría la pauta de lo “sí” ligado.
Nada más irreductible en lo real que el trauma. Quantum psíquico anárquico e impronunciable… el dichoso “sin palabras” que a tantas veces solemos mencionar. Trauma como máxima prueba de un encuentro (siempre fallido) con lo contingente.  Originario de “adentro” o de “afuera”. Pero siempre con una fuerte resonancia y conmoción en el fantasma singular de cada sujeto.

Cuando lo que Inunda NO Es Solamente el Agua

En los últimos días, las consecuencias de las graves inundaciones en la Ciudad de Buenos Aires y La Plata y sus alrededores, con barrios literalmente sumergidos bajo el agua, han no solamente desnudado las miserias de un régimen social –que parece haber retrocedido a una instancia Paleozoica, cuando la suerte de las civilizaciones primitivas estaba atada a una inclemencia natural- sino arrasado en la subjetividad de miles de vidas.
Somos testigos como se han proliferado distintos equipos “interdisciplinarios” –con predominancia de “psicólogos” (voluntarios o estatales) para “des-traumatizar” a los sujetos presuntamente afectados. En esa perspectiva, en muchos casos casi se obliga por la vía de la demanda a “hablar in situ” al sujeto en estado de desubjetivización. Con la mejor de las intenciones, sin dudas. Pero muy distinto a ofrecerle el cuerpo y la escucha, si así lo requiere.
Nuestro conservado sentido común indicaría que el sujeto “en shock” (trauma) se homologa indudablemente a “víctima”, y bajo ese significante se lo trata. Aún cuando la perplejidad por haber perdido absolutamente todo impide que alguna palabra pueda dar cuenta de lo indescriptible en la subjetividad. Victimizar a “la víctima” –aún bajo los más honorables y humanitarios fines- obtura cualquier vía de implicación con el trauma, arrojándolo sin quererlo a la repetición compulsiva más ominosa. Sin responsabilidad subjetiva, aún en situaciones donde lo que inunda no es solamente el agua sino que una marea de lo real ahoga a un (no) sujeto sin palabras, la culpa termina siendo un socio más en la desintegración subjetiva de la tragedia.
De acuerdo al manual de procedimiento,  la manera de abordaje “en situación” es pensar al sujeto como una “víctima” del cuadro –obligado- de “stress postraumático” con, por ejemplo, síntomas obligados de “pesadilla”, “irritación”, “insomnio”, “alteraciones en la concentración”, llegando a instancias muchas veces de convencimiento como terapéutica de “duelo express” que “recuperarán todo lo perdido” valiéndose de la tan bendita y "marketinera" resiliencia en el mercado actual de las psicoterapias, como punto de culminación. Si el arrasamiento de la inundación como desubjetivización jugó sus cartas la primera vez, a veces la falta de escucha también juega las suyas como segundo tiempo.      
Ese “Instante de ver” (donde de lo que se trata es solamente ofrecer el cuerpo y escuchar en silencio) que Lacan lanza como “lógica del tiempo” antes del “Tiempo de Comprender” y el “Momentos de Concluir” a veces puede ser más útil en un barrio inundado frente a semejante desintegración subjetiva que en inicio de un análisis entre las cuatro paredes de un cálido consultorio.

Mi Tyche, Mi Automaton 
  
Neurosis de destino solía llamar Freud irónicamente a aquellos relatos neuróticos donde el paciente se quejaba de una presunta y diabólica predestinación a su padecer por fuera de toda responsabilidad subjetiva.
Comencé el presente artículo obligado por las circunstancias dramáticas de los últimos días en la Ciudad de Buenos Aires y La Plata, hablando de mi experiencia traumática vivida exactamente una década atrás, en las inundaciones de la Provincia de Santa Fé. Trauma en dos tiempos, sino no es trauma.
Culmino estas líneas con los principales medios de comunicación alertando sobre una inminente inundación en la Provincia de Santa Fé causada nuevamente por las copiosas precipitaciones. Una década después que asistí a mi Tyche en esa provincia cuando participé siendo militante estudiantil de la asistencia a los damnificados.
Trauma en Dos Tiempos para Freud. O la Historia también en Dos Tiempos, la que tan gráficamente describió Karl Marx en su Dieciocho Brumario, la que “…se repite al menos dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa”. Trauma del Sujeto en una Catástrofe Social y de la Humanidad entera.
  

Hernán Scorofitz


































sábado, 16 de marzo de 2013

BERGOGLIO Y EL "INCONSCIENTE"(de)CLARIN




Me atrevo a decir que  quizás debo estar entre no muchos que les llamó la atención "algo" del principal título de Clarín en el día de hoy referente a la reciente designación del Cardenal Bergoglio como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Independientemente de todos los debates que en los últimos días  -ya a una escala mundial-se vienen suscitando sobre el pasado de Bergoglio en la dictadura. 
"Amén" del casi comprobado  vínculo "non sancto" del ahora Santo Padre con la otrora agrupación peronista derechista Guardia de Hierro y particularmente por su gestión de nombramiento del genocida Emilio Massera como Doctor "Honoris Causa" en el año 1977 en la Universidad del Salvador, sumado a su por lo menos "pasiva" defensa de dos sacerdotes jesuitas secuestrados por la dictadura militar.
"Amén" también que en las últimas horas, varios medios y hasta referentes de renombre oficialistas nacionales, han pasado de "edulcorar" sus denuncias por el pasado de Bergoglio a elevar la figura del nuevo "Papa de los Pobres".
Jacques Lacan sostenía que "toda comunicación humana está fundada en el malentendido". En su Discurso de Roma de 1953, removió las santas bases de la "sesión analítica estándar" de los "religiosos" 50 minutos santificados por los analistas "posfreudianos", proponiendo la puntuación en la sesión, una verdadera provocación: algo así como suspender la sesión cuando un silencio, un fallido, una palabra "plena" irrumpe, independientemente que sea a los 10 minutos del comienzo de la misma. Esto, entre otros "pecados", le valió la "excomunión" a Jacques Lacan de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) fundada por Freud en 1910.
“Así, es una puntuación afortunada la que da su sentido al discurso del sujeto. Por eso la suspensión de la sesión de la que la técnica actual hace un alto puramente cronométrico, y como tal indiferente a la trama del discurso, desempeña en él un papel de escansión que tiene todo el valor de una intervención para precipitar los momentos concluyentes. Y esto indica liberar este término de su marco rutinario para someterlo a todas las finalidades útiles de la técnica.


De esta manera, el tiempo pasa a ser un operador a partir de una puntuación que suspende la diacronía discursiva del "bla bla" del paciente.
Leer (en este caso el título de un diario) también es escuchar. Y cuando escuchamos, también puntuamos. 
Lo primero que leí en la tapa de Clarín de hoy: 
"EL VATICANO DESVINCULÓ,(coma)...AL PAPA DE LA DICTADURA" Me pregunté "de qué cosa habría desvinculado el Vaticano a Bergoglio..o al Papa de la Dictadura". 
Evidentemente el "error" (?) garrafal de redacción de Clarín resultó ser omitir simplemente...un signo de puntuación: la coma. Si Clarín hubiera titulado "EL VATICANO DESVINCULÓ AL PAPA, (coma) DE LA DICTADURA".. o  "EL VATICANO DESVINCULÓ DE LA DICTADURA AL PAPA FRANCISCO" o algo así, quizás mi propio Inconsciente no hubiera saltado como un resorte.
Pero aparentemente el Inconsciente de Clarín despertó al mío. "Clarín, por hoy dejamos acá, terminamos la sesión".

Hernán Scorofitz